Lunes Mayo 01, 2017

 

Ricardo III

Autor: William Shakespeare

Traducción: Alfredo Michel Modenessi

Adaptación y puesta en escena: Mauricio García Lozano

 

El escenario del teatro Julio Castillo alberga el patio de butacas; todos estamos en el mismo piso, ahí se destinan tres frentes para el público que estará en constante movimiento de referente visual pues la escena ofrece, a primera vista, tres niveles verticales, sin embargo en el desarrollo de la obra tenemos en el escenario principal cuatro niveles y en las dos contra esquinas también hay dos lugares escénicos; a todos los espectadores nos cubre la misma pantalla plástica que hace de límite visual al inicio (telón si se le quiere identificar así), de pantalla, filtro o neblina de acuerdo a la escena y que usa la dirección a cargo de Mauricio García Loz<ano como un elemento de estimulación auditiva de tal suerte que el sonido que hace el plástico translúcido nos remite sensorialmente a diversos parajes desoladores.

Adentro del escenario y en la comodidad de la butaca seleccionada o destinada según el horario de arribo, nos miramos observando el espacio color madera natural con escaleras sin barandales (al entrar vemos la parte de atrás), una puerta al lado izquierdo en el nivel medio y tres ventanillas secretas que al abrirse nos dan elementos escenográficos tales que son capaces de arrancar una exclamación de sorpresa; quizá el espacio sea liso, sin textura y quizá ello responda simplemente a la necesidad de limpiar tanta sangre derramada en esta escenificación, pero tal vez (sólo tal vez), responda a lo liso y natural de la ambición humana. “Aquí no hay asesinos. No. Si, si hay. Hay uno”. Nos dice el mismo rey Ricardo III, la víspera de la batalla cuando el sueño le ha dado la espalda.

Es sueño, ese espacio límbico de plenitud que ya los clásicos señalan como el momento de reconstrucción tanto corporal como mental y espiritual, el sueño que se confunde con la realidad cuando se nos presenta en el día, el sueño que nos abandona cuando la humana naturaleza se reduce al error trágico de la ambición, del deseo de poder, de lo inevitable del destino. ¡Que el sueño no logre cerrar tus ojos!; una maldición con el poder de enloquecer a quien le ha caído. Ahora bien, puede ser que para usted el sueño que le estremece la conciencia lo considere como de cobardes y que sea la “espada” su única ley… Ojalá y no sea así.

Ricardo III inspiraado, mejo dicho, basado en el personaje histórico de Ricardo Plantagenet, duque de Gloster y porteriormente Ricardo III de Inglaterra, quien naciera en el Castillo de Fotheringthay el 2 de octubre de 1452 y murió en combate en los Campos de Bosworth el 22 de agosto de 1485 y cuyos datos se pueden apreciar en el programa de mano acotados como ‘datos inútiles’; este Ricardo III interpretado magistralmente por Carlos Aragón, deforme, maltrecho como un sapo, expulsado del vientre de su madre antes de tiempo, se desarrolla dentro de su deseo de poder tanto de poder político como de poder ser en relación con los otros. Esos otros que sólo ven su fealdad más que física, deshumana. ¿Cómo puede ser de otra manera si el personaje está dentro de su deseo?

A nivel literatura podemos entender, explicar, describir y definir al personaje, peo cuando vemos un Ricardo III tan cercano a la política mexicana, a la humana naturaleza que ambiciona el reconocimiento social estamos antes la posibilidad de reflexionar al vernos dentro de la historia, cercanos al dolor con momento de humor tan vulgar que encanta y nos arranca carcajadas para seguir con la tensión que la historia lleva de inicio a fin.

Es de notar la versatilidad de los atores perfectamente señalados desde la selección del reparto así el trabajo escénico de Haydée Boetto está en perfecta armonía con Jorge Zárate, sólo por mencionar algunos derroches de talento que ofrece esta puesta en escena cuya música diseñada por Pablo Chemer varía de estilo pero siempre como un elemento armónico de esta interpretación tan cercana al México de paleros de mujeres seducidos en inocencia, de cuerpos colgados y exhibidos por la política del terror.

Que la conciencia de este país de metrallas y mentiras, de esta forma de hacer política de laos estilos de vida que dañan al combate lejos de empobrecer sea un impulso al deseo de accionar conscientemente; aquí nos dicen “¿Quién hay que sabiendo que todo esto es una farsa lo denuncie? Hasta cuándo la sociedad, cada uno de los que leemos estos, seremos “como las vírgenes hago que suceda pero siempre digo que no”.

La producción de la puesta en escena ofrece posibilidades para el estudio del manejo del espacio tanto escénico como técnico, aquí llama mi atención el uso de candilejas en el frente central cuya iluminación nos ofrece una posibilidad hermosa para la escena.

¡Que la paz reine de nuevo!

Acuda al teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque y sea parte de este Ricardo III que nos hace mirar una parte tan humana que llevada a su máxima expresión incita el deseo de paz con que la puesta cierra.

Escenografía: Jorge Ballina

Diseño de Vestuario: Mario Marín del Río

Diseño de Iluminación: Ingrid Sac

Combate escénico: Miguel Ángel Barrera y Américo del Río

Diseño y producción musical: Pablo Chemer

Actuación: Carlos Aragón, Joege Zárate, Leonardo Ortizgris, Paloma Woolrich, Sophie Alexander-Katz, Américo del Río, Tamara Vallarta, Assira Abbate, Haydée Boetto, Daniel Haddad y Ricardo Esquerra.

Funciones: jueves, viernes y sábados 19hrs, domingos 18hrs., hasta el 3 de agosto, dura 3:10hrs

Teatro: Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, Reforma y Campo marte s/n metro Auditorio

Localidad: $150ºº general

 

 

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