Domingo Diciembre 17, 2017

Humboldt, México para los mexicanos

Autor: Ernesto Anaya Ottone
Dirección: David Psalmon
Colectivo Teatro Sin Paredes: Alexander Holtman, Irene Akiko, Adriana Butoi, Carla Jara, Gutemberg Brito y David Psalmon
Diseño de escenografía e iluminación: Ana Patricia Yáñez
Videoarte: Daniel Primo
Vestuario: Adriana Olivera
“Vine a Comala porque me dijeron que aquí estaba mi…” apenas el inicio del inconfundible Pedro Páramo de Juan Rulfo, dicho por seis actores extranjeros en escena. Los vimos entrar, banco en mano, colocarse, leer. Cacofonía que al unirse converge en el inicio del mito: el hijo en busca del padre. Seis extranjeros en México cuya causa de arribo se relaciona al motivo de Juan Preciado “…lo que estuvo obligado a darnos y nunca nos dio.” No obstante la historia comienza con la presentación del personaje de Humboldt, lejos, muy lejos del México de Wirikuta.
 
El escenario libre permite que los actores se desplacen; al fondo un marco con 9 espacios nos remite al marco de un retablo, al inicio quizá al tren (símbolo del viaje mítico), al panel del set televisivo, a la pantalla traductora… es un fondo que permite la visibilidad de las proyecciones propuestas por Daniel Primo, imágenes que acompañan, adornan, dialogan y debaten con la escena, imágenes que provocan reacciones en el público y que facilitan el aprecio de épocas, espacios y facilita la  traducción al español de las diversas intervenciones  en los seis idiomas presentes.
 
Se trata de una propuesta provocadora –al estilo del creador David Psalmon de quien baste recordar trabajos como Emigrados, La Inauguración, Ira y El que dijo sí sólo por referir algunas- que deja un abanico de posibilidades tanto de análisis como de deleite. Así quiera el teclado que logre articular este discurso plural, diverso, mágico y poético.
 
Tenemos a seis actores en escena con apenas sus bancos, un panel de fondo, dos arbustos que enmarcan el ambiente áspero, una bicicleta, tres áreas de acción –el escenario principal, el desahogo derecho y la plataforma superior derecha semi-cubierta para ahí también permitir la proyección, hacia la segunda mitad de la puesta se incorporan tres mesitas de cantina.
 
Tenemos a siete personajes extranjeros (chilena, francés, japonesa, brasileño, rumana y alemanes) exponiendo motivos para dejar su patria, seleccionar a México como país de arribo y buscar la naturalización. Seis de ellos son contemporáneos al México de Wirikuta y el otro representa al naturalista del siglo XIX, Humboldt.
 
Aquí el primer desmadre (saliente de la madre, del cauce original). La puesta en escena expone el camino que recorre un extranjero cuando desea tramitar su naturalización. Humboldt, el primer extranjero en obtenerla durante el mandado de Santa Anna, quien reconoce sus aportaciones a la patria, los otros seis presentan que la constitución mexicana en su Artículo 33 establece la norma que contempla un examen de Historia de México. ¿Usted respondería las ochenta preguntas correctamente? ¿Quién dijo que los mexicas eran aztecas? ¿Quién dijo que los aztecas eran mexicas?
 
Ahora el desmadre se hace caótico -para los mexicanos- cuando Teatro Sin Paredes nos regala la mayor parte –real- de ese examen y en la sala descubrimos que los nativos no responderíamos ni la mitad de ese examen “ah, bueno, es que lo pasan muy rápido, pero si me dan un minuto lo respondo”, dice un espectador entrevistado al terminar la función a prensa y ciertamente podríamos creerlo, pero cuando escuchamos en escena que en México frases como “un momentito” puede (sólo puede) equivaler a “un minuto” y que un minuto es igual a “nunca”, entonces nos queda clara la franca confrontación. “Me quiero salir de la sala”, apunta otro espectador en la charla post-función y en el pensamiento de otro [pude leer su mente con mis poderes psíquicos] se expresó “Pinches extranjeros, todavía que México los abraza, los cobija y les da de comer, todavía nos insultan…” ¿Estará clara la confrontación a la que nos invita el equipo creativo de Teatro Sin Paredes? ¿Somos extranjeros en nuestra tierra? ¿Qué es lo extranjero, qué es lo mexicano? ¿Quién, qué y cómo definir la identidad mexicana? Este cuestionamiento no está explícito en la puesta en escena, sin embargo es una de las reflexiones que inminentemente quedan en el espectador y será usted quien decida si lo desarrolla o sólo se deleita, así que acuda a ver Humboldt, México para los mexicanos acompañado y salga dispuesto a la reflexión dialógica.
 
¿Qué relación tiene Pedro Páramo con Humboldt, México para los mexicanos? La búsqueda del padre. En el proceso creativo que duró nueve meses (simbólico, si lo vemos como un parto) los iniciadores fueron Carla Jara, David Psalmon y el dramaturgo Ernesto Anaya y sus experiencias son parte de la anécdota, pero eso precisamente “lo extranjero” es lo anecdótico. Dice Psalmon “A ustedes [mexicanos] no les gusta que se les critique. Si nos duele hay que decirlo” y como teatrista no hay otra trinchera más que el escenario (recordemos que si participará encabezando movimientos de protesta podría tener una charla acalorada con migración). Entonces la puesta en escena gira hacia una mirada crítica, áspera, seca, franca y cruda de un México con minas a cielo abierto y el silencio a la hora de cenar, un México diverso y plural, pero homogeneizado por el pasmo, un país (dice un parlamento) “no de puertas cerradas, sino de llaves tiradas y para agarrarlas hay que agacharse un poco, cuando se entiende esto, se abren muuuchas puertas”.
 
¿Cómo definir lo mexicano? Algunos de los creadores nos definen a México con palabras tales como: ánfora, magnetismo mineral, Pedro Páramo; el drama lo define no como absurdo, sino como irónico. El lugar de la negación de la negación. Para la diseñadora de iluminación y escenógrafa hay omnipresencias y son éstas las que inspiran su creación.
 
“Esta puesta en escena confirma que México siempre ha sido un país generoso con los inmigrantes que deciden quedarse a vivir en él”, dice el boletín de prensa, no obstante en la puesta en escena podemos confrontar lo dicho con lo expresado ahí pues una respuesta equívoca en el citado examen es suficiente para que la naturalización no sea asignada. Otra cosa que nos dice el boletín es que: “Los temas que se abordan a través de esta puesta en escena son: Humboldt el padre adoptado; Pedro Páramo, el padre real; y la vinculación y desvinculación con el padre.” Vea Humboldt, México para los mexicanos, y comente en este espacio si esta es su percepción, pues quizá la reflexión del padre mítico inexistente en la idiosincrasia mexicana sea sólo a nivel mítico dado el matriarcado en que vivimos ¿o no? Comente.
 
Aproveche la temporada que Teatro UNAM ofrece de Humboldt, México para los mexicanos y sea parte del disfrute profesional de actores expertos, deléitese con el trabajo comprometido con su presente y responsable con su sociedad y, si lo desea, participe de las varias reflexiones ¿la leche materna es desdeñada por las mexicanas? ¿los muertos quieren de los vivos el tormento? ¿leíste Pedro Páramo en la secundaria? Participe y comente en este espacio de difusión y crítica teatral.
 
Funciones: jueves y viernes 20hrs., sábados 19hrs., y domingos 18hrs., hasta el 5 de julio
Localidad: $150°° general, 50% de descuento con credencial vigente de estudiante, docente, UNAM, INAPAM, jubilados ISSSTE e IMSS y los jueves de teatro general $30°°
Teatro: Santa Catarina, UNAM, en Jardín Santa Catarina 10, Coyoacán, casi esquina Francisco Sosa, a un costado de la casa de la cultura Jesús Reyes Heroles, metro Viveros 

 

 

 

 

 

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