Homeopatía, reestablecer
el equilibrio
 
La homeopatía es eficaz para prevenir y tratar tanto enfermedades agudas (gripe, tos, diarrea, crisis de migraña, contusiones etc.) como crónicas (alergia, dermatitis, asma, afecciones reumáticas, ansiedad etc.), en infecciones de repetición (garganta, oídos, ginecológicas, urinarias, etc.), e incluso en cuidados paliativos (control de síntomas como dolor o estreñimiento y alivio de efectos secundarios como las nauseas de la quimioterapia, etc.).
 
Su objetivo es ir más allá del alivio de los síntomas que van apareciendo, se busca ayudar al paciente a restablecer globalmente su equilibrio natural. Para ello, el médico homeópata en la consulta tendrá en cuenta, además de los síntomas o problemas de salud que presenta el paciente, su constitución física y su forma de reaccionar y sensaciones frente a la enfermedad, además de factores de mejoría o de empeoramiento. Por eso se dice que el tratamiento, en homeopatía, es más individualizado.
 
Estos medicamentos tienen la ventaja de que en general, no presentan contraindicaciones, interacciones medicamentosas ni efectos adversos relevantes relacionados con la toma del medicamento, por lo que se recomiendan habitualmente para todo tipo de pacientes, incluso niños, embarazadas y enfermos polimedicados.
 
La producción de los medicamentos se basa en sumergir durante horas plantas medicinales en un excipiente (agua, alcohol, azúcar) con el fin de que este “guarde en su memoria” las propiedades curativas de la materia prima. Posteriormente, esta solución se diluye hasta presentar en su composición sólo una millonésima parte de la molécula inicial. Como resultado, obtenemos un fármaco con un contenido 99% acuoso que cura el mismo síntoma en cientos de enfermedades diferentes.
 
Lejos de desconfiar de este preparado claramente inocuo, un 29% de la población se encomienda a los tratamientos homeopáticos al experimentar una cierta sensación de bienestar, bien inducida por el efecto placebo, bien por los efectos de esa dosis microscópica de principio activo. En cualquier caso, como bien sostiene la comunidad médica, decantarse por un fármaco de dudosa eficacia que puede poner en riesgo tu vida está más cerca de ser un acto de fe que de naturismo.
 
La homeopatía fue creada en 1796 por Samuel Hahnemann basado en su doctrina de “lo similar cura lo similar”: una sustancia que cause los síntomas de una enfermedad en personas sanas curará lo similar en personas enfermas.
 
 
 
 
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