Martes Marzo 28, 2017

Se nota...

 

Cuando uno como espectador escucha que al director de la obra no le ha gustado el texto que dirige o que tiene un juicio negativo-despectivo, quizá uno no comprenda del todo a qué se refiere, porque a decir de la mayoría al final de la función, la obra estuvo ‘bien’ y sin más comentario. No repetiré lo que el autonombrado como distraído director dijo al respecto de la obra, sólo señalo que se trata de una propuesta interesante por los elementos que la componen, pero que no espere ver un monólogo clásico, sino una propuesta operística en una sola voz.

Dentro del ciclo Ópera Contemporánea que realiza la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, a través de la Dirección de Teatro y la Dirección General de Música, nuevamente se abre el teatro Juan Ruiz de Alarcón para la realización de una puesta en escena musical, ahora si teatral.

Se trata de La voz humana, un clásico del francés Jean Cocteau escrita en 1930 (por ello leído y conocido por los alumnos de las escuelas superiores de teatro, como el Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM y que parece no estar presente en el imaginario de los egresados de la Royal Academy of Dramatic Art en Londres y de El Foro Teatro Contemporáneo, bajo la tutela del maestro Ludwik Margules, aspecto que deja en mal a dichos centros de estudio; por eso se dice que el Teatro se estudia en la Facultad) que fue hecho ópera con la música de Francis Poulen, estrenada en 1959 y desde entonces interpretada con éxito, tal vez ese estigma favoreció la selección de la propuesta escénica. No obstante la fama de la obra, requiere de la sensibilidad de un conocedor tanto teatral como operístico que, además, sea culto.

Durante el estreno, en voz del director y adaptador Alonso Ruizpalacios, pudimos escuchar (con el teatro lleno por ser la función de estreno de Entusiastas y de Prensa), que se trataba de una presentación en construcción, mismo que no estaba así anunciado y que, quizá, fue información de más dado que el espectador no tiene mayor elemento para juzgar la puesta en escena que lo que ahí ocurre, aunque se anuncie como se anuncie, el resultado lo vemos en cada una de las funciones y este no fue del todo afortunado salvo por el acierto del instrumento musical llamado theremin.

En el boletín de prensa nos dicen: “Es de destacar que en esta puesta en escena, al piano se sumará un Theremin, instrumento electrónico monofónico que se toca “sin tocarse”, inventado alrededor de 1919 por el ruso Lev Theremin, cuyo sonido es frecuentemente descrito como algo entre una soprano, un violín y un sintetizador. Este extraño instrumento funciona como una perfecta metáfora sonora del texto de Cocteau: la voz humana convertida en señal electrónica, que se vuelve a transformar en sonido del otro lado de la bocina.”

En esta puesta en escena el theremin es interpretado por la nieta del inventor Lev Theremin, Lydia Kavina, así que su sola presencia nos llevarán hasta las butacas del teatro Juan Ruiz de Alarcón para presenciar un recital que cuenta con interesantes intervenciones y un momento del encantador theremin interpretado con estilo y sensualidad femenina además del dominio de la técnica que el instrumento exige precisamente porque no hay contacto material para producir el sonido más que a través de las ondas y lo que se interponga a él, por eso vemos el cuerpo de la músico, sus manos principalmente, como dirigiendo o señalando al aire y eso es simplemente mágico y suficiente para tolerar esta sin par puesta en escena.

Dado que se trata de una ópera, con micrófonos encendidos, el sonido que llega a usted es a través de las bocinas del teatro que, sobra decir, cuenta con buena acústica; por otra parte usted podrá seguir la traducción del texto a través de las pantallas que proyectan la traducción tanto del texto original como de las adecuaciones que le hacen. Preciso por la pantalla para las proyecciones de la traducción y del video que ofrecen es que tanto la actriz María Evoli como la soprano Ana Gabriella Schewedhelm, se ubican a las orillas del escenario con un mínimo de movimientos que podemos describir como sentarse y pararse de sus bancos hasta que María Evoli salta hacia el nivel inferior siguiente (el escenario deja ver tres niveles, ellas se colocan en el superior), para caer en un colchón que la hace rebotar, pararse y salir, caminando, del escenario.

Al centro, como ya dijimos, se encuentra la pantalla que proyecta tanto a las intérpretes como videos que nos muestran escenas realistas y no realistas como el que remite al consumo de pastillas para suicidarse y estas se convierten en una lluvia de pastillas que caen dentro de un espacio con agua (una alberca para la grabación, seguramente) y que con la iluminación crean cierto efecto mágico en el espectador que, atento, sigue este video, aunque también hay espectadores qua yacen en brazos de Morfeo, otros con los celulares prendidos y otros más que tosen de tal modo que todos los escuchamos.

Al final, un oscuro tan lento lo deja incierto, por ello la gente no aplaude sino hasta que alguno inicia. Algunos espectadores manifestaron sentirse impresionados, pero no acertaron a decir la razón de su impresión salvo lo que refiere al theremin, otros criticaron la inmediatez de las exclamaciones de asombro ante lo que acabábamos de presenciar en tanto que carecen de pensamiento crítico que pueda valorar la puesta en escena. Si bien es cierto que está dentro de un marco de ópera, también es cierto que se trata de un monólogo clásico y que no hubo acción dramática teatral, pero tampoco hubo la magia de la ópera que se engalana con producciones fastuosas y actuaciones particulares.

Por otra parte, el director Alonso Ruizpalacios realizó algunos comentarios posteriores a la presentación que sobra repetir, dado que este director ha tenido propuestas afortunadas y otras como ésta. Lo que ahora pongo en duda es la razón por la que los directivos y/o responsables de la programación de Teatro UNAM lo llaman; es que una obra sí funciona y otra no, baste recordar las propuestas de El beso y Rock & Roll, de la que también hizo declaraciones que, quizá, no sean de trascendencia a menos que se quiera dudar de su reputación como creador escénico.

Lo cierto es que Teatro UNAM es una oferta teatral de calidad y con trayectoria que trae a la escena las propuestas desde una visión universitaria. Esperemos que el presupuesto siga y que la oferta teatral pueda abrirse a las producciones del Colegio de Literatura Dramática y Teatro que si tiene un plan de estudios que forma teatristas cultos con egresados profesionales y de nombre, por si eso es lo que buscan.

 

Obra: La voz humana

Autor: Jean Cocteau

Música: Francis Poulenc (intervenciones y dirección musical de Tomás Barreiro)

Dirección y adaptación: Alonso Ruizpalacios

Actuación: María Evoli

Traducción a Lenguaje de Señas: Erika Ordoñez

Coach de Lenguaje de Señas: Noé Israel Romero

Soprano: Ana Gabriella Schewedhelm

Piano: Judith Thorbergsson

Theremin: Lydia Kavina

Diseño de video: Philippe Amand ( Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte 2015-2017)

Funciones: jueves y viernes, 20hrs., sábados 19hrs., y domingos 18hrs., hasta el 16 de diciembre de 2016.

Teatro: Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000

Localidad: $150°° general, 50% de descuento a estudiantes, maestros, UNAM, INAPAM y jubilados ISSSTE e IMSS con credencial vigente. Jueves de Teatro $30°° general.

Fotografía cortesía de: Alejandra Carbajal.

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