Fernando

Peña perdió la batalla ante Trump

 

¿Quién engaña a quién?

¿Luis Videgaray a Enrique Peña Nieto? ¿O viceversa? O, ¡¿los dos se unen para engañar a México y a los mexicanos?!

Porque si el aún canciller de México no le advirtió al Presidente de México las jugarretas de Donald Trump para tratar de desaparecer al TLCAN (o NAFTA, por sus siglas en inglés) y obligar a México a firmar un preacuerdo bilateral Estados Unidos-México, con miras evidentemente políticas, para que su partido (el Republicano) no sea desplazado por el Demócrata, en las elecciones de noviembre, entonces, lleva a presuponer otros fines que no son los genuinos de nuestro país.

En la medida que pasan las horas de la reunión que se sostuvo en la Casa Blanca --el pasado 27 de agosto--, en la capital de EE.UU.,  de parte de la delegación  mexicana con el mandatario norteamericano para dar a conocer el que bautizó Donald Trump como "Acuerdo Comercial Estados Unidos-México" --y no el TLC o NAFTA-- trascienden los pormenores de esta estrategia que, puntualmente, la definió el influyente periódico The Washington Post como un "acuerdo político" de Trump  más que comercial, aunque ya afloró que el único que ganó-ganó fue el controvertido Presidente gringo.  

De esta manera, no es extraño que Trump haya buscado beneficiarse con la firma de este preacuerdo entre EU y México para tratar de convencer al electorado de que su partido, el Republicano, no pierda posiciones en la Cámara de Representantes, integrada por 435 integrantes, los cuales se elegirán el martes siguiente del primer lunes del próximo mes de noviembre. 

El preacuerdo que, se supone, se firmará entre los Presidentes Trump y Peña Nieto, próximamente, para que sea validado, tiene que ser aprobado por el Senado estadounidense, con lo que se evidencia una o las dos cosas siguientes: "chamaqueó" a los integrantes de la delegación mexicana negociadora del TLC (Videgaray, Ildefonso Guajardo y de paso al enviado de AMLO, Jesús Seade) o estos se prestaron para el juego político del mandatario gringo.

El papel de los tres negociadores mexicanos estrellas (Videgaray, Guajardo y Seade), por acusaciones de la prensa canadiense, los cables de Reuters y de Bloomberg, es de traición y de complicidad con Donald Trump para presionar a Canadá para obligarlo a aceptar condiciones para la renovación del TLC (o Nafta) ya que el presidente estadounidense no tiene facultades para hacer un acuerdo bilateral de EU-Mexico y de EU-Canadá, en sustitución del mencionado tratado que tiene cerca de 25 años de vigencia. 

Para los mexicanos, conforme a la agenda que preparó Luis Videgaray y compañía, lo único que ha quedado claro es que nuestro país cedió a las exigencias de Trump, con anuencia de estos, esgrimiendo el argumento de que, al fin se tenía un acuerdo dentro del TLC y que se aceptaban las condiciones que fueran ya que "son mejores a que se cancelara" como lo trataron de justificar estos y los representantes del CCE y de la Coparmex, quienes también fueron invitados a las sesiones de trabajo. 

Tanto Videgaray como Guajardo y Seade no hay podido justificar el porqué de la premura de la aceptación de este acuerdo comercial entre Estados Unidos y México y todo hace presuponer que Luis Videgaray convenció a Enrique Peña de acceder a las pretensiones de Trump a costa de lo que fuera, con tal de que en el ocaso del régimen peñista se tuviera algo que festinar en los cuatro meses de gestión restante del mexiquense. 

También, lo apresurado del anuncio de este acuerdo, conlleva a pensar ¿cuál es el interés de Luis Videgaray Caso de hacerle este servicio a Trump, a sabiendas de que tiene una relación estrecha con Jared Kuschner, yerno del mandatario estadounidense? Ha trascendido que el canciller ya tiene casa en los Estados Unidos de América y que anda en búsqueda de chamba a partir del primero de diciembre próximo, cuando ya sea presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Ahora bien, el preacuerdo entre EU-México ya le ha dejado secuelas a México y a los mexicanos, independientemente de la exhibida que se le está dando en el extranjero como traidores a Canadá, al aceptar un acuerdo bilateral y hacer el papel de personeros para presionar a Justin Trudeau, mandatario canadiense a sumarse a lo exigido por Trump. 

Vistas así las cosas, con los acontecimiento recientes, los únicos que pierden son los mexicanos, porque en trece meses de supuestas negociaciones para la renovación del TLC, la delegación mexicana --entre boletos de avión, uso de aviones del gobierno mexicano, viáticos, renta de autos, salones, etc., de Videgaray, Guajardo y compañía--- llevan gastados más de cien millones de pesos (hace tres semanas, la suma ascendía a 84 millones). Entonces, para que tanto brinco, estando el suelo tan parejo y si la delegación mexicana iba a doblar las manos ante las exigencias de Trump, ¿Por qué no lo hicieron antes de esta fecha?.

En este sentido llama la atención, cómo varió la actitud de México, en las últimas horas. 

Tan sólo el 26 de junio, en Puerto Vallarta, Luis Videgaray, Chrystia Freeland (cancilleres de México y Canadá, respectivamente) e Ildefonso Guajardo posaron para una foto  donde signan un documento conjunto para reafirmar que "la esencia es y seguirá siendo trilateral".  

Guajardo fue más contundente:  

"México y Canadá han trabajado durante once meses y hemos sido muy específicos en el sentido de que tenemos una relación trilateral",

Un día antes de que viajasen, en esa ocasión, el 26 de julio pasado, a Washington para una reunión bilateral "no debe confundir: esto únicamente es un método. Estamos trabajando juntos". En esa ocasión, Videgaray remarcó que México y Canadá creen en el TLC "como un acuerdo trilateral".

El canciller mexicano asentó, además, "..y en los últimos 18 meses (desde que Trump tomó posesión) el contexto nos ha acercado todavía más. Compartimos principios y objetivos comunes: hacemos equipo y actuamos como equipo (con Canadá, pues)". 

Esto es ya historia, cuando el pasado 27 de agosto, Videgaray, Guajardo y Seade dejaron colgados de la brocha a Canadá y decidieron aceptar un acuerdo bilateral con Donald Trump. 

Ávido de reflectores y de tratar de dar una noticia positiva al pueblo mexicano, ante un controversial régimen como éste, Enrique Peña Nieto al recibir la llamada de su homólogo estadounidense por haber llegado a este acuerdo bilateral, antes de que acabe su gobierno, instó a Trump a brindar con tequila para celebrar el pacto, lo que recibió una tibia respuesta de éste que no bebe. "Bien hecho, Enrique", le dijo lacónico, ante la imprudencia del mandatario mexicano.  

Con Trump, Peña por lo que se ve, no da una. 

Ahora bien, a diferencia de la prensa extranjera, la cual si tiene ya parte de los documentos de este preacuerdo entre EU y México y en nuestro país sigue siendo tabú, se asienta que éste obedece a cesión de México a las exigencias de Trump. 

De esta manera, se precisa por los cables de El País, Bloomberg y Reuters que el acuerdo comercial entre EU-México esquiva el escenario más temido para México -la ruptura con su principal socio comercial- y las exigencias de máximas planteadas por Donald Trum a cambio de cesiones en los nuevos barámetros que regirán en un sector clave --la industria automotriz. y en los mecanismos de solución de controversias, además de que no afectará en los próximos 16 años las regulaciones para las inversiones de los empresarios de EE.UU. en el ramo energético como son petróleo, gas, electricidad y energía eólica, entre otras. 

El gozo de Videgaray, Guajardo y Seade y, sobre todo, del Presidente Enrique Peña se vino al pozo cuando empiezan a trascender las cesiones que hizo el gobierno mexicano frente a Trump. 

En su encabezado de 8 columnas, del periódico Reforma, de este 29 de agosto, se especifica las repercusiones donde se fija un tope para la exportación de automóviles y otros vehículos a EE.UU. y cómo se grava con un 75 por ciento de integración regional (de EU a México, obvio) y la inclusión de cláusulas donde se eleve el salario de los técnicos mexicanos empleados en la industria automotriz, de 5 mil pesos al mes por más de 70 mil en el mismo espacio. 

Evidentemente, con el pago de salarios elevados para los mexicanos, la industria automotriz no tendrá el atractivo de invertir por lo que, conforme a los planes de Trump, los empleos regresarán a la vecina nación del norte. 

Trump está en su derecho de implementar las políticas que desee para crear empleos, el problema fue que, cuando se firmó el TLC hace 24 meses, México se comprometió a elevar los salarios paulatinamente para no jugar ventajosamente frente a EU y Canadá, pero, por las perversiones de autoridades del trabajo y de las prácticas empresariales en contra de la clase trabajadora, no fue así. 

Se están pagando las consecuencias y México no quiere asumir su responsabilidad ante este rezago salarial y nivel de vida de los trabajadores. 

En el ramo agricola conviene destacar que, en este preacuerdo se asienta que "México seguirá comprando buena parte de la producción estadounidense de alimentos como carne de cerdo o pollo, sorgo o maíz", pero ha obviado, sin embargo, que su país también seguirá siendo el principal consumidor de frutas y hortalizas producidas en México. Para comprarles a ellos, sin ninguna restricción, pero para que ellos nos compren, habrá restricciones, claro, conforme lo consideren y les convenga. Eso, también, lo obviaron los negociadores mexicanos. En México se dice,  "con esos amigos...ni a la esquina". 

En fin, por lo que se alcanza a vislumbrar, hay una complicidad en el régimen saliente que avala el Presidente Peña para engañar a México y a los mexicanos con acuerdos que no precisamente son para cuidar los intereses genuinos de nuestro país. 

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Sin aprender la lección, en la avidez por remontar el descrédito y humillación de su gobierno en su despedida en puerta, Enrique Peña Nieto volvió a caer en las tretas de Donald Trump quien, después de 13 meses de negociaciones del TLC (NAFTA, por sus siglas en inglés), obligó a éste y a su equipo estrella -Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo- a ceder a sus exigencias y poner de rodillas a México en aras de buscar supremacía electoral en los comicios que enfrenta en noviembre entrante. 

El anuncio de un preacuerdo que tiene el propósito de acabar con el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá

Porque si el mandatario mexicano no sab no es informado por su gurú Videgaray, la situación es graveriz estadounidense, dejar a salvo los intereses de su nación en petróleo, gas y electricidad en México, traicionar a Canadá y darle cristiana sepultura a los acuerdos trilaterales. 

 

 

 

29 de agosto de 2018

 

 

 
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