Martes Noviembre 20, 2018

 

Nada
 
 
 
 
 
 
 
 
Autor: Janne Teller
Adaptación: María Giménez
Diseño sonoro: José Miguel Delgado
 

Actuación: Andrea Riera, Lila Avilés, Lucía Uribe, Pablo Marín, Álan Uribe y Nick Angiuly

...¿Cuál es el precio de tu significado?...

Terrorífica puesta en escena que nos sacude la conciencia y de modo alguno explica nuestra sociedad (niños asesinando a otros). Me explico, amable lector. La puesta en escena inicia con un texto más o menos así: Cuando era niño jugaba a la carreterita, mi cochecito sin llantas, nunca gané, ni dejé de jugar ni de seguir las reglas. El texto es interpretado por un equipo actoral joven que representa a niños de sexto año de primaria de nuestra era y de nuestro tiempo, aunque el momento exacto al que refieren no se indica. Podemos deducirlo por el uso de redes sociales, pero recordemos que se trata de alumnos de sexto grado de primaria y por tanto, niños, es decir menores a los 12 años de edad.

Al respecto de la edad, es importante señalar que la puesta surge a partir de la novela homónima de Janne Teller, publicada originalmente en el año 2000 –novela censurada en Bélgica, Francia y Dinamarca- donde seguramente los tiempos y grados escolares  no corresponden con los nuestros. El boletín de prensa describe a la novela como “una especie de fábula tanto para adultos como para adolescentes que invita a la reflexión planteada desde el punto de vista de unos niños de 13 o 14 años.” Sin embargo en México el sexto año de primaria se concluye a los doce años, por lo que el espectador, que no tiene en sus manos el boletín de prensa, construye la ficción a partir de su referente, o sea niños de máximo 12 años de edad.

Entre el grupo de niños existe uno que no es como los demás, ese niño deja el salón de clases, deja la escuela para permanecer trepado en un árbol ciruelo y desde ahí lanzar su hallazgo: “en el fondo, nada tiene sentido, mejor sentado en la nada que en algo que no es nada”. El grupo de amigos es confrontado esencialmente, en lo más profundo de su ser y ahora su vida entera gira en torno a la importancia de “algo” en contraste con la “nada” por la que vive su amigo. No hay adultos que intervengan para acompañar los procesos de estos personajes-niños, aunque en algún momento los mismos actores representen al profesor. Cada uno de ellos interpreta al menos a dos personajes, la mayoría niños.

El escenario del teatro Santa Catarina, de la UNAM, cuenta con una plataforma rectangular que lo abarca casi en su totalidad, para representar el árbol, el actor sube, sin ser visto, al segundo nivel que si es visible para el público ubicado en las butacas de abajo. Así la escenografía se compone sólo de la plataforma. Los vestuarios pueden acercarse a cualquier niño de escuela particular, en condiciones de “hijos de familia”.

La puesta en escena se lleva a cabo con nada más que el cuerpo entrenado de los actores, sus voces aniñadas sin ser estereotipadas burdamente van con los vestuarios y las acciones que realizan; no obstante vemos a los actores entrenados realizar series de secuencias corporales que implican horas de entrenamiento y ensayo. Dado que todo está y aparece con la palabra, tenemos un teatro textual y corporal. No hay cambios de vestuario, existen cambios de iluminación para indicar el dentro y el fuera de la escuela o de la fábrica, el día y la noche así como para acentuar algunos momentos de suspenso en la escena.

Durante la obra, conforme vemos a niños preocuparse por el significado de las cosas, podemos mirarnos en nuestras vidas cotidianas para identificarnos con el valor que le damos al entorno y como una acción desmedida lleva a otras que se descarrían sin límites en este mundo interconectado. En el primer cuarto del siglo XXI hemos sido testigos (y cómplices) de niños que toman decisiones con el único deseo de ser; ser reconocidos, ser vistos, ser aceptados, ser diferentes, ser, simplemente ser a través del otro.

“Si lo piensas, un olor fétido es lo mismo que un buen olor”, dice un personaje en la obra. De modo alguno tiene razón en tanto que los dos son olores, es decir que pertenecen a la misma categoría o campo semántico, pero nada más. De igual modo podemos decir que esta puesta en escena es como cualquier otra en tanto que lo son, pero ésta tiene la virtud de llevar al espectador a una mirada interna desde la magia de la infancia que vemos hoy en los niños que nos rodean. Niños que por más informados que estén no dejan de ser niños cuyos límites se forjan a través del acompañamiento de los otros y, en esta obra, no vemos a los otros estableciendo límites que los ayuden a crecer en una parámetro de conciencia del otro y de los otros.

En la música podemos distinguir entre los ambientes y los momentos en que uno de los personajes toca en su guitarra un tema de la banda The Beatles, los demás sonidos los realizan los mismos actores. Una de ellas interpreta a un perro sin más que su propio cuerpo, así realizan su trabajo cada uno de los actores de la puesta en escena.

Terrorífica porque genera angustia al reconocer en ellos acciones, reacciones y pensamientos ahora comunes entre nuestros jóvenes y niños. En el programa de mano se puede leer al respecto: “Una exploración acerca del significado. Cuando el significado se vuelve un fin en sí mismo y olvida aquello que significa. Objeto pues. Un cúmulo de objetos significantes que levanten una Torre de Babel sobre aquello en lo que creemos sólo para engañarnos mientras estamos vivos. O por ocio quizás.” Terrorífica y precisa, una puesta en escena lograda, porque la propuesta logra armonizar a los actores con los personajes, al planteamiento temático con la creación sobre el escenario, los colores y los sonidos con los espectadores; así el desarrollo teatral lleva al espectador a disfrutar tanto de la magia teatral como a una reflexión que, quizá, de nada sirva, porque nada va a cambiar.

​Para terminar, es un honor contar con el apoyo de las bellas personas que integran el equipo del Departamento de Prensa y Relaciones Públicas de la Dirección de Teatro UNAM, entre ellas Delia de la O Bahamaca, Magdalena Hernández y por supuesto a María.

Teatro: El Granero del Centro Cultural del Bosque

Funciones: jueves y viernes 20hrs. sábados 19hrs., y domingos 18hrs,, hasta el 29 de julio de 2018

Localidad: $150°° general con los descuentos habituales

Duración: 1h., 45min.

 

 

 

 

 

 

25 de junio de 2018

 
 
 
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