Viernes Agosto 17, 2018

SINGLADURA  

La chilladera

 

Una cosa es segura en estos tiempos políticos del país tan inciertos: vienen cambios y muchos. Andrés Manuel López Obrador, a quien faltan cuatro meses para asumir de manera formal la presidencia del país, ya desveló un número importante de cambios que pondrá en marcha a partir del uno de diciembre cuando el presidente Enrique Peña Nieto pase por el trago amargo, sin duda, de cederle la estafeta presidencial simbolizada en la banda tricolor.

Este hecho formal y simbólico será en sí mismo una expresión del cambio que se avecina. Doy por hecho que ni aún el presidente Peña Nieto imaginó nunca que le tocaría ver su relevo en la persona de López Obrador. Supo y aceptó sí que el tabasqueño lo relevaría si acaso dos meses antes de concretarse el triunfo del Peje. Claro, el presidente lo supo antes de los comicios del uno de julio último y se fue preparando para el bautizo de fuego en las urnas. José Antonio Meade también lo supo hacia el mes de mayo, pero ni modo, tuvo que seguir en campaña hasta el último día de ésta. Meade se disciplinó y aguantó vara como solemos decir hasta el mismísimo primer domingo de julio.

De allí que no fuera extraño ni mucho menos sorpresivo que tanto el presidente Peña o el propio Meade se adelantaran a los primeros resultados del INE para reconocer el fracaso de la campaña. Lo supieron, insisto, dos meses antes de la elección. A Meade le tocó la peor parte porque tuvo que seguir al frente de la campaña aun cuando sabía que todo sería en vano. Pero bueno, esot es ya parte de la historia.

Déjeme decir algo más a propósito. Un triunfo de Meade habría supuesto la continuidad de la historia. La derrota conlleva el cambio en sí mismo que anticipa AMLO.

Ahora bien. Reina la incertidumbre estos días porque ante los cambios previstos por el gobierno de AMLO, la mayor parte del país se pregunta cómo impactarán éstos. La enorme mayoría de mexicanos nos preguntamos cómo se instrumentarán esos cambios y de qué manera van a afectar en uno o en otro sentido éstos en la realidad cotidiana de nuestras vidas. Muchos dicen que serán para bien, otros no están tan seguros. La mayoría sin embargo apuesta o al menos espera que serán por el bien de México.

Pero hay sectores que ya han pegado el grito en el cielo y de plano se han pronunciado ya en el ámbito público en contra de los planes del nuevo gobierno, que anticipan serán la ruina nacional. Estos sectores rechazan sin concesión alguna el proyecto lopezobradorista, al que le atribuyen la peor de las ponzoñas. Forman en las filas de los intransigentes radicales.

Y muchos de ellos ya empezaron a chillar. Sostienen por ejemplo que la reducción de sueldos y salarios anunciados por AMLO será la debacle gubernamental y, peor aún, el caldo de cultivo para el advenimiento de una etapa nacional marcada por la peor de las corrupciones en las esferas públicas del país. En este sector se encuentran igualmente quienes rechazan los planes de desconcentración gubernamental, en lo que prejuzgan la crónica de un fracaso anunciado.

Y hay quienes creen “absolutamente imposible” la renuncia al saqueo de las arcas nacionales. “Es impensable”, argumentan, que se ejerzan cargos públicos altos con probidad. ¿Será? ¿O es que ya están chillando?

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@RobertoCienfue1

 

 

 

   

30de julio de 2018

 

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