Lunes Mayo 01, 2017

Belleza ¿una categoría?

 

En segunda llamada entra Laura Almela a un escenario sobre el escenario; desde el público vemos la parte de atrás del escenario, es como si fuésemos la pared del fondo. La Belleza, dirigida por David Olguín (miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte) nos ofrece una forma diferente de ver a los personajes, aunque la propuesta sigue siendo frontal (a la italiana, dirían los que saben de teatro), estamos detrás de un escenario que nos deja ver no los camerinos, sino lo que hay detrás de un espectáculo.

El mismo espacio cobra sentido como oficina, calle, tren, quirófano y lugares que no precisamos ver a la manera realista y que manejados con la experiencia de los creadores se resuelven para que la escena fluya.

La historia aborda el conflicto pasional de Theodore W.Lent, por una parte está al frente de su circo que exhibe extravagancias y rarezas, monstruos para que la gente exclame “oh de asombro, ah de espanto, oh de o, simple oh de oh”, en este circo incursiona por voluntad casi propia la sin par Julia Pastrana (quien vivió realmente en el siglo XIX), por lo que la puesta en escena ubica a este personaje como el pivote del conflicto de nuestro personaje principal Theodore en relación con algunos aspectos de la vida de Zenora Pastrana, como la llamó artísticamente. Por otra parte la relación amorosa de Theodore con Julia procrea un hijo que muere en el parto matando a la madre. Es entonces donde vemos a un Theodore deshecho por la pérdida de sus dos fuentes de vida; sin embargo ese amor, ese sentimiento, no borran al comerciante artístico que sigue ejerciendo el negocio y el provecho de las aberraciones de esta vida que, sin más placer que la contemplación, gusta de ver con “ojos que son espejos”.

A fin de señalar que la historia presente surge de un hecho verídico que puede invitarnos a la reflexión de la inclusión y la no discriminación, desviamos un poco la mirada de la escena para compartir algunos datos de Julia Pastrana, quien nació en el norte de México con hiperticosis o síndrome de hombre lobo, lo que significa que tenía toda la piel cubierta de pelo negro y lacio, las orejas y la nariz fueron más grandes en comparación con el promedio de las personas así como sus dientes que, además de irregulares, presentaba dos filas de dientes, por lo que la mandíbula era prominente haciendo que la boca se proyectara y la cara fuera como de un gorila. A ella la conoció Charles Darwin y se negó a exhibirla como el eslabón perdido, según lo narran en la puesta en escena. De la supuesta vida de Julia antes de entrar al circo, hay versiones diversas que coinciden en que era una mujer agraciada para bailar, conversar tanto como para servir (fue sirvienta del gobernador de Sinaloa hasta 1854, fecha en que se incorporó al circo con Rate y posteriormente con Theodor W. Lent, quien exacerbó la felicidad en Julia, su gracia y hermosura tanto al bailar como al cantar en inglés y español. En la puesta en escena señalan que además gustaba de coser, y en otras fuentes señalan además un gusto por viajar y cocinar. Lent la hizo ‘actriz’ para un espectáculo cómico y después la hizo su esposa en 1857. Tres años más tarde nació su hijo con las mismas características que ella, por lo que Theodor duplicaba su “mina de oro”, pero el niño, y ella, murieron poco después del parto. La suerte de los cuerpos y la desesperación de Theodor la podemos ver en escena con el conflicto del personaje que ha sido llevado a la pantalla. La historia acaba en el año 2013 en que los cuerpos de Julia y su hijo regresaron a tierra mexicana y fueron sepultados.

La precisión del trabajo tanto para las luces (cambios, tonos y áreas iluminadas) es ya una característica en los trabajos de David Olguín, sin embargo considero que nombrarlo hace, de modo alguno, un reconocimiento a la calidad de sus obras que son una garantía de buen teatro. Las actuaciones de Laura Almela, Mauricio Pimentel (representando a Julia Pastrana y a Merie Bartel) y Emmanuel Varela (quien representa a todos los demás personajes: Charles Darwin, Florita Wonder, General Tom Thumb, Hans y el profesor J. Sokolov, así como a una conciencia o alter ego femenino de Theodore) dejan satisfecho al público que acude al teatro El Milagro, donde se realiza la puesta en escena. Los tres actores, con sus trayectorias, dejan en claro sobre el escenario que el oficio del actor se nota a través de la escena y el compromiso que cada uno tiene con sus personajes; sin duda alguna la interpretación que hace Laura Almela al personaje afeminado de Theodore nos confronta en los momentos de mayor conflicto del personaje, porque conmueve el dolor de la perdida tanto como el interés que muestra ante un negocio a partir de la muerte de sus amados. ¿Cómo pudo venderlos, si los amaba? Acérquese a la puesta en escena y sea parte de las decisiones que toma una persona emocionalmente perdida para seguir adelante conservando una ilusión; sienta el “perror” ante la mirada que son espejos y déjese seducir por la compasión de los menos agraciados ante la certeza de que “la vida es una ilusión”.

 

Obra: La Belleza

Autor y Dirección: David Olguín

Actuación: Laura Almela, Mauricio Pimentel y Emmanuel Varela

Teatro: El Milagro, calle Milán 24, Colonia Juárez, entre Lucerna y General Prim, cerca metrobús Hamburgo, metro Revolución e Hidalgo

Segunda temporada en 2016.

 

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