Viernes Agosto 18, 2017

Almas Gemelas

Autor y Director: Emilio Urióstegui
Actuación: Ernesto García, Luis Ibarra y Carlos Osnaya.
 
 
 
 
 Un abrazo, es todo
 
 
 

Cuando una persona es transparente, quienes le rodean agradecen, respetan, quizá admiran y confían; cuando un artista es congruente y logra plasmar sobre la escena una propuesta que le brinde al espectador otra versión (la capacidad para mirar lo mismo de otra forma, como si le diera otros ojos para ver) cuando eso ocurre el público tiene una experiencia indescriptible y contagiosa.

Ante las historias que se cruzan en la vida cotidiana, un lugar puede ser el pretexto para el encuentro, para la posibilidad de mirarnos en una intimidad descubierta ante los ojos de un extraño. La sala teatral es un espacio que permite encuentros y complicidad. Quizá ese lugar sea el origen de la creación de Emilio Urióstegui que se presenta todos los martes de Mayo en la Sala Novo del Teatro La Capilla.

A este autor director lo hemos seguido desde el acertado trabajo en la compañía ABC-Didáctico (El mercader de Venecia, El médico a palos, Historias en torno a una tumba, entre otras), así como en La Periodista y recientemente con Jimena Perrona dejó su visión como creador tendiente a una cotidianeidad invisible, quizá hasta negada, que al ser, al reconocerse como existente, puede transformarse en el soporte para continuar hacia una vida plena. No hay pases mágicos ni personajes extraordinarios, hay voluntades y personajes cotidianos cuyas tramas van a valorarse; así los espectadores nos reconstruimos desde otra mirada, desde la mirada introspectiva con esperanza.

Las personas cobran existencia a través del contacto con el otro, de ahí que sean importantes las miradas, el contacto físico, sentir y hacer sentir. Esto lo podemos percibir cuando somos testigos de la relación entre Lucho, camarero, y los diferentes visitantes a esta mezcalería (la mezcalería quizá como referencia nacional, se presenta determinante por la ingesta de la bebida ritual que desinhibe y libera de prejuicios, aporta calor y enrojecimiento propicios para acercar las almas envueltas en cuerpos).

Almas gemelas presenta tres historias que ocurren en la mezcalería donde atiende Lucho, mesero singular, pícaro, voluntarioso, trabajador bajo las órdenes de un amo invisible, pero dominante. En cada una de las historias se conserva al personaje, Lucho.

El primer encuentro es con un hombre elegante, de gran porte que pide un whisky, Lucho ofrece un mezcal preparado en coctel “Beso quemante”; así inicia el pretexto para vernos en un diálogo franco entre el actor y sus espectadores. Ernesto García nos habla, de frente, nos cuenta desde el personaje masculino, Antonio y así establece tanto la ficción como su carácter, nos comparte su deseo de ser madre y la posibilidad que le ofrece la posición económica en que vive. Lucho lo escucha y ahí comienza la reflexión: qué es “la familia”, “una pareja”, “un hogar”, frases como “no le faltará nada” y por supuesto, “el amor”.

Entre tragos y vaivén de frases que nos ponen a pensar, las risas salen ante la picardía del camarero Lucho, las reacciones de Antonio y la posibilidad que nos presentan dos hombres opuestos y encantadores, dos hombres que nos arrancan carcajadas y nos hacen pasar un excelente momento que bien puede encajar en un microteatro (obras de quince minutos en espacios reducidos). Canto, baile y mucho buen humor para ver la sensibilidad de una persona que sólo quiere sentir.

La música con la que nos reciben al inicio de esta puesta en escena es Alma gemela y con ella nos despiden, inicia con el raspar de la aguja, sonido antigüo, y termina a ritmo del trio ochentero Flans. En la sala además de seguir el ritmo, nos emocionamos y así, contagiados olvidamos el calor. Vemos a los actores en un espacio reducido -que ellos hacen enorme-; magia teatral que les permite hacer el cambio de vestuario frente a público. Somos cómplices del convenio teatral una vez más, el mozo Lucho se conserva, ahora en el cuerpo de Ernesto García, antes Antonio.

Un matrimonio tal para cual son Concha y Gumaro. Aquí usted no dejará de reír desde que ingresa Concha, hasta verse y reconocerse sea porque esas frases las ha dicho, sea porque las ha oído o bien porque siendo totalmente ajena la situación a usted, puede disfrutar de la gracia con que representan a los personajes tanto Carlos Osnaya como Luis Ibarra, respectivamente.

Esta escena que cuenta con los mismos elementos de la situación anterior (una mesa, dos sillas y el cuadro de fondo con la reproducción de un agave), ha cambiado su ambiente, ya no nos hablan directo, ahora los observamos a ellos en su mesa, somos parte de los asistentes a la mezcalería, escuchamos su discusión por infidelidad: “ya salió el macho agresivo, así son todos, unos machos cavernícolas”, no obstante la discusión y la pertinencia de lograr un acuerdo sin la intromisión del mesonero, propician un viaje al pasado, a ver qué hizo que esta pareja lo fuera y ahí, entre emociones y cocteles mineros, está el origen que tiene y mantiene a una pareja unida, tal para cual.

Aplaudimos el ingenio de los personajes para salir de la situación (lo bien logrado del texto y de la puesta en escena que connotan un trabajo profesional que bien vale el costo del boleto), la agilidad para resolver las escenas y lo articulado de los elementos que integran la puesta: música, vestuarios, voces, expresiones y precisión.

A ritmo de Amante bandido, rola también de finales de los ochenta en voz del español Miguel Bosé, tenemos el cambio de identidad femenina a la masculina, para que el atrevido mesonero Lucho tome el cuerpo de Carlos Osnaya. La rola sin mayor mezcla se va a la entrada de La fuerza del destino de Mecano y ahí se suspende.

A la mezcalería ha llegado una mujer también singular, pero totalmente opuesta a la gracia y elegancia de Antonio, Concha o Gumaro, por ejemplo. Con ella llega un joven igual de agraciado, pero de carácter tosco. Esta última pareja nos lleva de la risa por lo absurdo de la situación a la más cálida ternura que nos devuelve esperanza y la aceptación de la fragilidad humana que sólo anhela un abrazo para poder ser, para vivir. Lucho otorga un coctel éxtasis tropical, propicio para sentir, para pasar frases como: “una cosa es ser feo y otra tener mal gusto”, “soy tu espejo y te hablo menos violento que él” o “somos semejantes”.

Esta historia tiene una magia singular. Estamos ante la vulnerabilidad expuesta físicamente, sin embargo atrapa al espectador porque de fondo está algo de cada uno. Es la escena en que hay menos movimiento sobre el escenario, menos “éxtasis” (contradictorio con el coctel) quizá porque está ahora en el lado de las butacas, el movimiento está en cada uno de los asistentes, cómplices y testigos de un espejo social que nos recuerda lo valioso de un abrazo con un semejante.

El puente musical cierra la escena con la voz de coro que no dice nada, que quizá no reconozca (a menos que ubique tal rola de Mecano), pero que le apoya un estado de ánimo favorable a la plenitud por el excelente trabajo teatral que acaba de presenciar; así que debe verlo en estas dos funciones que aún quedan, sin dudarlo.

El trabajo de Luis Ibarra representando a esta mujer es de lo más complejo y acertado, transpira la esencia que propone la creación de Emilio Urióstegui y que usted debe ver antes de que terminen temporada porque, como ya sabemos, quién sabe si haya un “después la veo”. Aproveche, reserve, sea parte de estas Almas gemelas y si no está de acuerdo con lo vertido en la presente nota, con gusto nos tomamos un café para dialogarlo; si está de acuerdo, regrese con más cómplices dispuestos a abarrotar la Sala Novo.

 

Funciones: martes 20:30hrs., sólo mayo de 2017

Teatro: Sala Novo del Teatro La Capilla; Madrid 13, casi esquina con Centenario, a una cuadra de Churubusco, metro Coyoacán, Colonia Del Carmen Coyoacán, CP 04100.

Capacidad: 36 butacas  por función

Localidad: $220°° general *pregunte por las promociones y los 2x1

Accesibilidad: viable para una silla de ruedas o muletas.

Duración: 60 minutos

 

 

 

 

 

 

 

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