Lunes Noviembre 20, 2017

¿Habrá entendido?

 

El teatro, como posibilidad para entender la realidad es creado desde el presente y usa lo que tiene. Es decir que una puesta en escena teatral requiere que los creadores asuman una postura ante la “realidad” que viven para aportar una mirada crítica. Esa postura que tienen los creadores define la puesta en escena.

Al entrar a la sala tenemos música de los setentas, suena a siglo pasado, reconocible la voz para los que rebasamos los cuarenta, con un tono de melancolía habla la letra de amor o de dependencia..? Pocos notamos la música, el escenario a vista y la música suena mientras nos acomodamos en los asientos y nos disponemos a participar del rito en escena. Oscuro. Una luz tenue nos deja ver a Rogelio Obregón: “el deseo me incita a pecar”. Está sentado casi al centro de la escena rodeado de hilos rojos. ¿Es un joven o una anciana?

Estamos con un juego teatral llamado metateatro, es decir que hay una representación dentro de la representación en sí. Hay dos actores que recrean a 4 personajes, dos son mujeres, una de ellas es mayor (la Abuela) y otra joven (la nieta Evangelina), los otros son varones, uno es Santiago y el otro es Él.

Con elementos mínimos que recrean el espacio y luz de apoyo, vemos a los dos actores ante las tazas de te, mismo que escuchamos caer hasta llenarlas, la mesita de centro (que no existe, pero la vemos). Los vemos en distintos ángulos abarcando el escenario de la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM, los vemos cambiar de personaje apenas con los acentos corporales y la voz y los vemos radicalmente diferentes. Con actores así es muy fácil seguir la trama, entender al menos el pretexto de esta reflexión: hay un crimen, debe haber un responsable, hay prejuicios y firmes creencias en que debemos andar con “sensatez y cautela” porque los asesinos andan sueltos y los crímenes se cometen “afuera”, por tal es que “dentro” se está a salvo.

Digo que las actuaciones son bastante como para que podamos comprender la historia de la abuela, Evangelina y Santiago, pero si requiere de espectadores con un poco de vida cotidiana externa para cuestionarse al escuchar frases como: “¿Qué me diferencia de un asesino? La ley, la legalidad”. ¿Suicidio de 37 puñaladas? Sabemos que la responsabilidad de los crímenes de Estado siempre recaen el alguien más, pero pocas veces tenemos el espacio para mirar la situación desde otro lado y cuestionar qué es lo que hace que las personas tengamos creencias firmes como la de permanecer ajenos a lo “externo” (¿a la otredad?); como si aislarnos fuere la solución para disminuir los asaltos, por ejemplo.

En el escenario, además de ver la escena desde distintos ángulos, además de ver una serie de objetos que no están (los vemos porque son recreados por los actores con mímica y con sonidos hechos por ellos), vemos el estambre rojo del tejido de la Abuela, vemos un par de sillas blancas que contrastan con el piso y fondo negro del espacio representacional.

“El pasado son acciones que no puedes cambiar, pero con la repetición ensayas el acto, evocas desde tu perspectiva los recuerdos y se transforman a tu conveniencia hasta hacer verdad la mentira. La realidad es aquella ejecutada por los cuerpo”. Puesta en escena que nos lleva por una parte al disfrute escénico de la representación teatral: actores precisos, expresión corporal precisa y por otra parte la propuesta del director (del equipo creativo) nos lleva a mirar todas esas acciones cotidianas que realizamos en aras de la prevención cuando estamos dentro de un sistema que nos pone en situación de riesgo en sí. ¿De qué y de quién nos cuidamos?

Ojalá que los días y las vidas en esta urbe no sean iguales, ni semejantes a las vidas de la Abuela, Evangelina, Santiago y Él. ¿Cómo podría ser una persona tres o cuatro a la vez? En una farsa todo es posible con Sensatez y cautela, estar dentro y fuera, ser opresor y oprimido, ser víctima y victimario, preguntar y responder: ¿Cuál es la diferencia entre un homicidio y un asesinato? Cualquier relación con la situación actual de (in) seguridad es mera coincidencia de lo que ocurre en el terreno de la irrealidad; preciso ahí es donde se sitúa el terreno de la farsa, en el terreno de lo imposible, pero ¿acaso lo irreal-imposible ya es parte de la cotidianeidad nacional?

El deseo sexual reprimido bajo la soledad que sólo la falsa idea de ‘seguridad’ hace que los individuos se recluyan en sus propias casas creyendo que así estarán seguros, pero seguros ¿de qué? Si la convivencia humana es lo que nos confirma como humanos mortales, cómo entonces pretender un comportamiento humano si cada vez es mayor la insistencia al aislamiento en aras de una seguridad que no es sólo responsabilidad de cada ciudadano común...

Ciertamente en esta puesta en escena convergen tres factores indispensables para el buen teatro mexicano: un guión, texto o idea interesante, la mirada clara de un director preciso y la interpretación en escena de actores mesurados, con oficio y compromiso. Sensatez y cautela tiene la mirada sencilla y clara de Ramiro Galeana Mellín acompañado en la escena (actuación) de Rogelio Obregón. La puesta en escena nos lleva a la risa catártica y al horror producto de estar frente a una realidad mirada con la lente de la magnitud que ésta toma en la individualidad cotidiana. Altamente disfrutable: un trazo limpio, uso de los recursos técnicos presentes sin mayor pretensión que el servicio al conjunto creativo.

El final, es contundente. Hacen evidente el trabajo metateatral que hemos presenciado y parece que ha concluido la escena. Sí, la historia del crimen ahí quedó, pero no la puesta en escena que va más allá de contar una historia bien hecho y hecha; vemos a los actores preguntarse si el público habrá entendido el juego metateatral  (hasta ahí seguimos con la historia) pero la respuesta salta la ficción y deja, por decirlo así, el dedo en la yaga: Tienen siglos con la trinidad y no ha pasado nada.

Será acaso que las creencias… Vea Sensatez y cautela en las funciones que le quedan y sea parte de esta puesta en escena que crece y logra mantener a los espectadores con un trabajo digno pues el cambio de foro no afectó en la propuesta escénica, dialoga preciso con el espacio y con los espectadores.

Lo cierto es que “hoy en día el que quiere sobrevivir, ante todo debe tener Sensatez y cautela” porque la diferencia entre un asesino y un sicario es la legalidad del crimen. ¿Dónde hemos oído que matar a las personas en provecho de un ‘vivir mejor’ es legal? ¿Quién decide si la muerte de una persona es merecida o no? Si el pasado es cambiante dado que sólo es aquello que cada quien recuerda y en correspondencia al momento en que lo recuerda, entonces podemos decir que el pasado igual que el futuro no son más que percepciones netamente subjetivas, pero ¿qué es el presente?, cómo puede marcar un pasado cuya existencia es móvil.

Teatro con oficio que aprovecha y dialoga con las características del espacio en que se presenta, teatro con actores profesionales.

…y sí, cierto: ¡Veamos teatro para ser libres!

 

Obra: Sensatez y cautela

Autor y Dirección: Ramiro Galeana Mellín

Actuación: Rogelio Obregón y Ramiro Galeana

Asesoría de espacio e iluminación: Mahatma Ordaz e Isaac Barrios

Funciones: sábados y domingos 13hrs., hasta el 11 de diciembre de 2016

Teatro: Sala Julián Carrillo dentro de Radio UNAM, Adolfo Prieto 133, colonia Del Valle, casi esquina con Xola, metrobús Amores

Localidad: Entrada libre

 

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