Martes Septiembre 18, 2018

El Inspector v.1 Los impecables

Adaptación y dirección: Clarissa Malheiros
Actuación: Roldán Ramírez, María Sandoval, Teté Espinoza, Sergio Cuellar, Jair Torres Baizábal y Ricardo Letona
Una linda alfombra con matiz azul rey, digno piso de los que callan sus pasos, una mesa tan larga que apenas si se conocen los que ahí comen, las siete sillas rosas y los cinco candelabros de gusto refinado, exquisito apenas para los estándares morales de la familia ejemplar, digamos, impecable.
 
El único personaje que está fuera de lugar es el inspector, osado, que saca a la luz la relación que cada uno tiene con la joven muerta recientemente; lo terrible para el espectador es que esa relación develada sale de la escena y llega a la responsabilidad que cada uno en la sociedad tiene: abuso de autoridad, influencias, despotismo, complicidad y para decirlo en una palabra: consumo.
 
“Mucha historia y poca memoria”, es como definen a nuestro México de hoy; Ayotzinapa, las muertas, los estudiantes, las fosas, la trata… Realidad dolorosa que involucra directamente a los jóvenes, pero de la que participamos todos de una u otra manera en tanto que somos parte del modelo de desarrollo económico generador de poderosos y jodidos, de asesinos y desaparecidos patrocinados por las empresas de siempre ¿Hasta cuándo? ¡Hasta que hagamos en presente, digo yo!
 
La Máquina de Teatro, compañía que se reconoce por el uso del espacio a través del desplazamiento: los actores realizan coreografías durante la ejecución de sus parlamentos de tal forma que nos llevan más allá del texto. Lugares y emociones recreados por los seis actores en escena que apenas mueven una silla con gracia dancística y ya estamos en otra composición plástica hasta quedar en la nueva disposición que ofrece al espectador una dinámica visual extra cotidiana.
 
Los vemos subir, bajar, trepar, arrastrarse, pero nunca los vemos cansarse, ni jadear, ni respirar profundo siquiera. [¿Cómo le hacen? Véalos y les pregunta, porque es real.] Cuerpos bellos entrenados tanto en la profesión como en la responsabilidad social que pueden detonar en el escenario.
 
La puesta inicia con la inconfundible voz de Sergio Cuellar, el padre, a quien vemos adulto, señor, dueño de su espacio, de su tiempo y de la situación pues él no tiene nada que ver con la muerte de una joven que apenas ha sido su empleada y la que fue despedida, como muchas otras años atrás.
 
Ahora la familia celebra el compromiso matrimonial de la hija, una joven hermosa, digna prometida de otro joven de “buena familia” [como si las familias de los ‘sin dinero’ no fueran buenas].
 
La mesa que abarca el horizonte del escenario en realidad está compuesta por tres que harán de puertas, mamparas (pequeñas paredes que ocultan a los actores), plataformas y túneles; vemos cómo crean parte de la composición espacial con pequeños cambios como quitar una de las cuatro patas para que se apoye sobre esa esquina. Un toque refinado de buen gusto estético, como toda la puesta en escena: la música que ambienta y propone la estructura de los desplazamientos en escena favorece un espacio de tensión y retención de la atención del espectador. Los momentos cómicos –que pueden no serlo para algunos de los espectadores- son de alta comedia porque refieren a una situación real, dolorosa y de la que no podemos seguir callando aunque tan fuerte reconocerlo que provoca la llamada risa catártica, necesaria para continuar como testigos de esta “cadena de hechos”.
 
¿Ha notado usted que este país, considerado libre, no lo es en tanto que cada uno sea privado de la capacidad de elección? Las personas (ciertas personas) no son humanos, sino Recursos Humanos. La creación de Clarissa Melheiros se cuestiona desde la mirada de la joven muerta ¿por qué tiene que pasar esto? Y nos dice que “si no encontramos ‘otra cosa’ debemos compartir la culpa” Yo diría que debemos compartir la responsabilidad, no la culpa, pero ¿usted, qué dice? ¿Qué hacemos ahora? Por favor, que esta reflexión no acabe como ‘lavándonos las manos’ pues la finalidad radica en sensibilizar e informar y para ello hay que verla; ahí el diálogo doloroso, absurdo, grave y delicado, pero real y en vivo donde usted puede expresarse pues esta obra no acaba como cualquiera, sino que invita y provoca el diálogo, “porque es en las acciones de todos los días donde se recuperan las pequeñas acciones que nos hacen ser”.
 
La temporada en el teatro Benito Juárez acaba este fin de semana, último del mes de mayo, y esperamos que sea con el teatro lleno por el tema, por la vitalidad del trabajo, por la fineza y profesión y porque sencillamente no se puede quedar sin verla.
 
La publicidad dice de la obra apenas parte de la anécdota: “Una noche, un inspector llega a la casa de una poderosa familia para interrogarlos sobre la muerte de una joven, la cual quedaría en el olvido a no ser por las sorpresivas confesiones que cada uno de los asistentes está a punto de revelar. El ambiente festivo se desdibuja con la tensión de suspenso, el vértigo de lo coreográfico toma por asalto la acción y la ficción cede terreno ante lo testimonial”. La publicidad no menciona que usted verá una puesta en escena de calidad en cada uno de los elementos que la componen (la expresión corporal, las voces, la creación de personajes, el vestuario, la música, la iluminación, las coreografía…) y el conjunto es lo que la hace única, necesaria y bella puesta en escena.
 
Funciones: Viernes 20hrs., sábados 19hrs., y domingos 18hrs., hasta el 31 de mayo ¡Ultimo fin de semana!
Teatro: Benito Juárez, ubicado en Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc, a un costado del monumento a la madre, metrobús Reforma
Localidad: $127ºº general y 50% de descuento con credencial vigente de estudiante, maestro e inapam

 

 

 

 

 

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