Jueves Mayo 24, 2018

ECONOMIAS

Desgaste

El modelo económico adoptado por México desde Miguel de la Madrid -cuando se abandonó la línea política de la post Revolución de “Desarrollo con Justicia Social”- a la fecha es de un liberalismo pragmático con apertura indiscriminada a la inversión extranjera, alta concentración de la riqueza, acelerada disminución del poder adquisitivo de los salarios y desnacionalización.
 
Sin ideología social alguna y con el sólo objetivo de alcanzar un crecimiento económico sostenido que no llega ni con la entrega de los hidrocarburos y cuanto riqueza nacional exista, el modelo económico se desgasta al no presentar resultado positivo alguno para la población.
 
El economista Gerardo Esquivel, dijo recientemente en una entrevista a la cadena BBC Mundo que “hay un problema estructural que impide que la población tenga una capacidad suficiente de generación de ingresos a pesar de los múltiples programas sociales que se han implementado en las últimas dos décadas”, mismo que solo son utilizados con fines electoreros.
 
El investigador, autor del reciente estudio “Desigualdad extrema en México, concentración del poder económico y político”, señaló en dicha entrevista que no sólo las políticas sociales han resultado insuficientes sino que los beneficios del crecimiento no han estado bien distribuidos.
 
“La desigualdad –dijo- es el cáncer que frena a México, que está dentro del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo”, es el país en donde al 1% más rico le corresponde un mayor porcentaje del ingreso total, el 21 por ciento”, mientras que más de 53 millones de mexicanos sobreviven en la pobreza.
 
A nivel internacional existe conciencia sobre tales desajustes del modelo económico al grado de que México es el único país de América Latina que no reduce la pobreza, como lo asienta un estudio de la OCDE.
 
En su estudio “Diagnóstico de desarrollo regional: México”, la OCDE da cuenta que los niveles de pobreza no han cambiado en los últimos 20 años “debido a la reducida tasa de crecimiento de la economía y la desigual distribución de los ingresos”.
 
Sólo medida por el nivel de ingreso, la pobreza alcanzaba en 1992, en el gobierno de Carlos Salina de Gortari,  al 53,1% de la población, y ahora en el de Enrique Peña Nieto, llega al 53,2%. 
 
Lo cierto es que entre las principales causas del desajuste estructural se encuentra el sistema tributario  que no cobra, o prácticamente no cobra impuestos a los ricos; una administración federal que no usa el gasto público como un estímulo para generar empleo y crecimiento, y una política cambiaria y monetaria que frena y no fomenta  la economía.
 
Esta realidad humilla a los últimos gobiernos de México, ya que los indicadores llevan décadas sin ver mejorías en los niveles de vida de las mayorías y la batalla se hace cada vez más cuesta arriba, sobre todo a raíz de los últimos acontecimientos económico de baja en el precio del petróleo, devaluación del peso y amenaza de alza en las tasas de interés en Estados Unidos.
 
¿Hasta cuándo?
 
Ahorros
 
Otra grave distorsión económica que sufre el país impuesta por la secretaría de Hacienda, que encabeza Luis Videgaray, es la política de precios de hidrocarburos para el mercado interno. Resulta que aquí pagamos al doble la gasolina el diésel o el gas que en el resto del mundo. El desplome internacional de precios no llega a los mexicanos, lo cual genera también aumento de costos a los productores nacionales y para los de exportación los puede sacar del mercado, pero ¿a quién le importa?
 
Dentro de su política entreguista, el gobierno federal a través de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, decidió “flexibilizar”, esto es dar aún más facilidades a las empresas que participen en la segunda convocatoria de licitaciones de la Ronda Uno, la cual incluye cinco contratos de extracción en nueve campos de aguas someras del Golfo de México, que abarca 280.9 kilómetros cuadrados, ante el fracaso de la primera convocatoria que no interesó prácticamente a nadie. Por lo que se ve estamos muy lejos de ver las carretadas de millones y millones de dólares que se ofrecieron llegarían al país para crear empleos bien remunerados cuando impusieron la reforma energética.
 
Como siempre, nada reocupa al titular de Hacienda, Luis Videgaray. La deuda de los estados y municipios es manejable y mantiene una estructura confortable, dice. Entonces nada importa que estados como Nuevo León o Guerrero estén al borde de la quiebra, que Quintana Roo y Coahuila tengan una deuda superior al 100 por ciento de sus ingresos, o que el 47 por ciento del total de débto, casi la mitad, este contratada a tasa variable, con todos los riesgos que ello implica.

 

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